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¿Cómo Funcionan los Propelentes en Aerosoles?

¿Cómo Funcionan los Propelentes en Aerosoles?

El propelente es el componente que genera la presión dentro del envase aerosol y determina si el producto sale en forma de spray fino, espuma, gel o polvo. Existen cuatro familias principales: hidrocarburos, halocarbonos, éteres y gases comprimidos. La elección correcta depende del tipo de formulación, la aplicación deseada, los requisitos de seguridad y el marco regulatorio vigente.

Las Cuatro Familias de Propelentes

Los hidrocarburos (propano, butano e isobutano) son los propelentes más utilizados en la industria actual. Son inodoros, incoloros e inflamables, y su presión de vapor puede ajustarse mezclando varios de ellos en distintas proporciones. Tienen buena solubilidad con productos oleosos, lo que los hace especialmente aptos para formulaciones de base no acuosa.

Los halocarbonos agrupan los gases fluorados. Los CFC clásicos fueron prohibidos a escala internacional por su efecto destructivo sobre la capa de ozono. Sus sucesores, los HFC (hidrofluorocarbonos), no dañan el ozono pero presentan un elevado potencial de calentamiento global, por lo que su uso también está siendo restringido. La generación más reciente, los HFO (hidrofluoroolefinas), combina la no inflamabilidad característica de esta familia con un impacto climático significativamente menor.

El dimetil éter (DME) ocupa un espacio intermedio: es parcialmente soluble en agua, lo que permite formular productos con base acuosa, y resulta menos inflamable que los hidrocarburos puros aunque sigue siendo un propelente combustible.

Por último, los gases comprimidos (nitrógeno, dióxido de carbono, aire comprimido) permanecen siempre en fase gaseosa dentro del envase. No son inflamables y ofrecen un perfil ambiental favorable, pero la presión disminuye progresivamente a medida que se consume el producto y el spray resultante suele ser más grueso y menos fino que el de los gases licuados.

Propiedades Técnicas que Rigen la Selección

La selección del propelente se apoya en cinco parámetros que deben evaluarse en conjunto:

Parámetro Qué determina
Presión de vapor La fuerza de expulsión del producto (medida en bares o psi). Permite ajustarse mezclando propelentes.
Solubilidad La calidad del spray, la estabilidad de la emulsión y el comportamiento del aerosol.
Densidad La posición del propelente dentro del envase: los más densos se sitúan en el fondo; los menos densos, en la parte superior.
Inflamabilidad Los límites inferior y superior de inflamabilidad definen el rango de concentración en aire en el que la mezcla puede arder. El propano, por ejemplo, es inflamable entre el 2,4 % y el 9,5 % de concentración en aire.
Compatibilidad La capacidad del propelente para convivir sin reacciones adversas con los ingredientes del producto y con los materiales del envase.

💡 Criterio de formulador: cuando ningún propelente individual cumple todos los requisitos, se recurre a mezclas. Combinar propano e isobutano en distintas proporciones es la vía habitual para obtener una presión de vapor intermedia sin sacrificar solubilidad ni seguridad.

El Marco Regulatorio que Condiciona su Uso

El entorno normativo ha transformado la selección de propelentes en las últimas décadas. El Protocolo de Montreal, acordado en 1987, estableció la eliminación progresiva de los CFC al demostrarse su capacidad para destruir la capa de ozono estratosférico. Hoy los CFC están prohibidos en prácticamente todas las aplicaciones, con excepciones muy limitadas en productos medicinales sin alternativa demostrada.

Los HFC, introducidos como sustitutos inocuos para el ozono, resultaron ser potentes gases de efecto invernadero. La Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, en vigor desde 2019, obliga a reducir su producción y consumo de forma escalonada con el objetivo de evitar hasta 0,4 °C de calentamiento global a finales de siglo. En la Unión Europea, el Reglamento (UE) 2024/573 sobre gases fluorados, en vigor desde marzo de 2024, endurece aún más el calendario de reducción de HFC y acelera la transición hacia alternativas de menor impacto climático como los HFO.

El resultado práctico para los fabricantes de aerosoles es que los criterios ambientales y regulatorios tienen hoy tanto peso en la selección del propelente como los criterios técnicos o económicos.

¿Cómo Entra el Propelente en el Envase?

El propelente se incorpora al aerosol en una etapa específica del proceso de fabricación, después de que el producto (los ingredientes activos) ya ha sido cargado en el envase vacío y la válvula ha sido instalada y sellada. La inyección del propelente se realiza a través de la propia válvula, seguida de un control de peso y de un baño de agua caliente a 50 °C para detectar posibles fugas antes de que el producto llegue al mercado. Este orden es relevante porque garantiza la integridad del envase y la precisión de la dosificación del propelente.

¿Qué Factores Determinan la Elección Final?

La decisión combina siempre varios criterios simultáneos:

  • El tipo de formulación (base acuosa u oleosa) condiciona la solubilidad necesaria y descarta ciertos propelentes.
  • La forma de aplicación deseada (spray fino, espuma densa, gel) exige presiones de vapor distintas.
  • Las exigencias de seguridad del uso final marcan el límite de inflamabilidad admisible.
  • El marco regulatorio del mercado de destino determina qué propelentes son legal y comercialmente viables.
  • El coste varía de forma significativa entre familias: los HFO, por ejemplo, son notablemente más caros que los hidrocarburos convencionales.

En la práctica, la mayor parte de las formulaciones de aerosol se resuelven con mezclas de hidrocarburos o con DME para los productos acuosos, reservando los HFO para aplicaciones donde la no inflamabilidad es imprescindible y la normativa de gases fluorados limita el recurso a los HFC.

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